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La Llorona

La que llora junto al agua por sus hijos

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América del Norte
América del Sur
BoliviaMéxicoPuerto Rico+1América Latina(Bolivia, México, Puerto Rico, Trinidad y Tobago)
MéxicoMéxico Central(México)
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Rango
Presagio de MuerteNiv. 20
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Jerarquía
Presagios de MuerteNiv. 10

De Cihuacóatl a La Llorona

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Antes de que existiera el nombre de La Llorona ya había una voz llorando de noche sobre México-Tenochtitlan. Fray Bernardino de Sahagún la recogió como el sexto de los presagios que anunciaron la conquista, en el libro XII de su Historia general: «se oyó de noche en el aire una voz de una mujer que decía: ¡Oh hijos míos, ya nos perdimos!; algunas veces decía: ¡Oh hijos míos, adónde os llevaré!».

Conviene precisar algo que suele contarse mal, porque cambia quién dijo qué. En ese pasaje del libro XII la voz no tiene nombre: Sahagún no la identifica con nadie. Quien la nombra es el libro VIII, al repasar el reinado de Moteccuzoma: «el diablo que se nombraba Cihuacóatl de noche andaba llorando por las calles de México, y lo oían todos diciendo: ¡Oh hijos míos, guay de mí, que ya os dejo a vosotros!». Son dos pasajes distintos de la misma obra, y unirlos (reconocer en el presagio anónimo a Cihuacóatl, la Mujer Serpiente) es trabajo de los comentaristas posteriores. El primero en hacerlo por escrito para el público moderno fue Thomas A. Janvier, que en 1910 citó a Orozco y Berra para sostener que «La Llorona es una desviada de la mitología azteca».

El relato que hoy se cuenta es colonial y mestizo: una mujer indígena o mestiza tiene hijos de un español que después la abandona para casarse con otra; enloquecida, mata a sus hijos, casi siempre ahogándolos en un río o en un canal, y muere poco después condenada a buscarlos sin descanso. Circuló de boca en boca durante siglos. La primera recopilación seria en libro la hizo el propio Janvier, que oyó la historia en Monterrey hacia 1885 y publicó en 1910 la versión que corría por la ciudad de México, donde la describe con «unas enaguas blancas y el rebozo blanco con que se cubre la cabeza». La variante que la fecha en 1550 y le pone nombres propios (doña Luisa de Olveros y don Nuño de Montesclaros) es un añadido literario muy posterior: no hay documento de la época que la sostenga.

El llanto que engaña al oído

Se aparece de noche y siempre junto al agua: en la orilla de un río, en el borde de un canal, bajo un puente, en el lavadero o en la acequia que cruza el pueblo. Viste de blanco, con una túnica larga que la tradición compara con una mortaja, y lleva el pelo negro suelto sobre la cara. Casi nunca se le ve el rostro, y quien insiste en mirárselo encuentra, según la versión, una calavera, una cara sin facciones o la de una mujer ahogada.

Lo primero que llega es el llanto, y el llanto engaña. Se oye lejos cuando ella está cerca y cerca cuando está lejos, de modo que el que la busca camina en dirección contraria y acaba metido en el agua. Con el llanto va el grito que le da nombre: «¡Ay, mis hijos!». Oírlo se toma por anuncio de muerte, propia o de la casa; verla es peor. En muchas comarcas se dice además que se lleva a los niños que andan solos de noche junto al río, y a los hombres que salen bebidos y la siguen creyéndola una mujer viva: a unos y a otros se los encuentra ahogados, o vivos y sin juicio.

Advertencia doméstica y duelo colonial

La Llorona funciona, antes que nada, como advertencia doméstica. Es el argumento con el que se prohíbe a los niños acercarse al agua después de oscurecer y con el que se reprocha al hombre que vuelve tarde y bebido; en las dos direcciones el castigo llega del mismo sitio, del río. Por eso no tiene culto ni ofrendas ni fecha propia en el calendario: lo que tiene es un juego de precauciones, no responder al llanto, no ir a buscarlo, santiguarse y no volver la vista atrás.

Como figura, condensa dos duelos distintos. El prehispánico es el de Cihuacóatl llorando por unos hijos que va a perder, que Sahagún convirtió en presagio de la caída de Tenochtitlan. El colonial es el de la mujer indígena abandonada por el español, cuya descendencia mestiza queda sin padre. De ahí la paradoja que sostiene la leyenda: llora por unos hijos que ella misma mató, pero el relato entero habla de una pérdida que no eligió. Eso explica que siga viva en México, en Guatemala, en el resto de Centroamérica y en el suroeste de Estados Unidos, y que cada generación la vuelva a contar cambiando el río, el barrio y el siglo, pero nunca el llanto.

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También conocido como

"La Llorona / La Mujer Llorona / Fantasma de los Ríos"

Reliquias

Simbología

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Elemento

Agua

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Número

3

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Color

Blanco

Sigilos:

Rebozo blancoCabello sueltoAgua de noche

Rasgos

Poderes

💔

Debilidades

🧠

Comportamiento

🛡️

Resistencias

En el Atlas

Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.

Mitologías

📍 América Latina
📅 Colonial hasta moderno (siglos XVI-XXI)

El folclore latinoamericano se formó a partir del encuentro entre las tradiciones indígenas precolombinas, las creencias y prácticas traídas por los colonizadores europeos y los elementos culturales de origen africano incorporados a través del comercio de esclavos. Este proceso de sincretismo se desarrolló principalmente entre los siglos XVI y XIX en las regiones que hoy comprenden México, América Central, el Caribe y América del Sur, dando lugar a expresiones religiosas, narrativas y rituales que combinan elementos de distintas procedencias. Las cosmovisiones indígenas, como las de los pueblos nahua, maya, quechua o aymara, se fusionaron con el catolicismo hispánico y portugués y con religiones de origen africano como las practicadas por yoruba, bantúes y dahomey, originando cultos y figuras híbridas.

Fuentes

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Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino)

Bernardino de Sahagún · 1577

Enciclopedia ilustrada de la cultura náhuatl compilada por fray Bernardino de Sahagún hacia 1577, en náhuatl y español. Describe con detalle a las deidades aztecas —Quetzalcóatl, Tezcatlipoca, Tláloc— y a numerosos seres del mundo mesoamericano.

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Leyendas de la ciudad de México

Thomas A. Janvier · 1910

Colección de leyendas mexicanas recogidas de tradición oral y publicada en 1910. Incluye la versión de La Llorona que corría por la ciudad de México, que Janvier había oído por primera vez en Monterrey hacia 1885.

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La Llorona: drama fantástico en verso

Francisco C. Neve · 1917

Drama en verso, en tres actos y un epílogo, publicado en Puebla en 1917. No es una recopilación folclórica sino una adaptación literaria, y como tal se cita: sirve como atestación fechada y accesible de la versión que corría a comienzos del siglo XX —Luisa abandonada por un caballero español, el niño muerto en brazos, el espectro que gime en el puentecillo—, no como testimonio etnográfico.

Preguntas frecuentes

¿Está documentada La Llorona antes de la conquista?

Con ese nombre, no. Lo que sí está documentado es el sexto presagio del libro XII de Sahagún: una voz de mujer que se oía llorar de noche sobre Tenochtitlan pidiendo llevarse a sus hijos, atribuida por los informantes nahuas a Cihuacóatl. El relato de la madre que mata a sus hijos y luego los busca es colonial, y no se recoge en libro de forma seria hasta Janvier, en 1910.

¿Por qué el llanto parece venir de donde ella no está?

Es el rasgo que más se repite en los testimonios y el que la vuelve peligrosa: se la oye lejos cuando está cerca y cerca cuando está lejos. Quien intenta localizarla de oído camina hacia el lado contrario y termina metido en el agua. Ese detalle explica que la precaución tradicional no sea huir corriendo, sino sencillamente no responder ni seguir el sonido.

¿Qué dice exactamente Sahagún, y en qué libro?

Dos cosas, en dos sitios distintos. El libro XII trae el sexto presagio de la conquista: una voz de mujer que se oía de noche decir «¡Oh hijos míos, ya nos perdimos!» y «¿adónde os llevaré?». Ahí la voz no tiene nombre. El libro VIII, al hablar del reinado de Moteccuzoma, es el que lo pone: «el diablo que se nombraba Cihuacóatl de noche andaba llorando por las calles de México». Juntar los dos pasajes es cosa de los comentaristas, no del texto.

Si buscaba a sus propios hijos, ¿por qué se dice que se lleva a otros?

Porque la leyenda tiene dos usos a la vez. Como relato de penitencia, explica que una madre busque sin descanso lo que perdió. Como advertencia infantil, necesita una amenaza concreta, y esa amenaza es que confunda a otro niño con uno de los suyos y se lo lleve al agua. Las dos capas conviven en el mismo cuerpo de versiones: en unas solo llora, en otras arrastra.

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Última actualización: 10 sept 2026