Kosodate-yūrei
Kosodate-yūrei, el fantasma que compraba caramelo
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Japón(Japón)⇄ Variantes culturales (1)
Comparten arquetipo
Otras lecturas de Ubume
La leyenda del caramelo
El kosodate-yūrei no es un espíritu genérico de madre muerta, sino una historia concreta que se cuenta en casi todo Japón con el mismo esqueleto. Un confitero abre de noche y aparece una mujer pálida, vestida de blanco, que compra caramelo de malta y se va sin decir nada. Vuelve la noche siguiente, y la siguiente. Cuando se le acaba el dinero deja de pagar y hace señas al confitero para que la acompañe; él la sigue hasta el cementerio, la ve desaparecer sobre una tumba y oye llorar a un niño bajo tierra. Al abrir la sepultura encuentran a la mujer muerta y, junto a ella, a un bebé vivo que ha nacido allí dentro y al que han estado alimentando con el caramelo. La versión de Kioto fecha el suceso en el cuarto año de la era Keicho (1599), en el cruce de Rokudo, a la entrada del antiguo cementerio de Toribeno. El detalle que sostiene toda la historia es el dinero: lo que la mujer gasta son las seis monedas, el rokumonsen que se pone en el ataúd para pagar el paso del río Sanzu. Gasta una por noche, y al séptimo día ya no le queda con qué pagar.
Qué compra, con qué paga y qué deja
Lo que distingue al kosodate-yūrei de casi cualquier otro fantasma japonés es que manipula objetos. No atraviesa paredes ni flota: entra en una tienda, entrega una moneda y se lleva un envoltorio. Va con el katabira blanco de los amortajados, sin adornos en el pelo, y no habla en ninguna versión; cuando quiere que la sigan, señala. El alimento cambia según la región. En Kioto es ame, caramelo de malta; en otras zonas compra mochi o dango, y de ahí que la misma historia se conozca también como el fantasma que compraba pasteles de arroz. En varias versiones el confitero descubre por la mañana que las monedas del cajón se han convertido en hojas secas o en las ofrendas de una tumba, que es la señal habitual del dinero de los muertos. Lafcadio Hearn recogió una variante en Matsue y la publicó en 1894: allí la tienda está en Nakabaramachi, junto al cementerio de Daioji, lo que se vende es mizuame, un jarabe ambarino de malta que se daba a los niños cuando no había leche, y la mujer paga un rin cada noche. Hearn cierra el relato con la frase que resume el motivo entero: el amor es más fuerte que la muerte.
Ubume y kosodate-yūrei no piden lo mismo
Las dos figuras son mujeres muertas de parto y las dos aparecen de noche con un bebé, pero se comportan al revés. El ubume del Konjaku monogatari-shū y del bestiario ilustrado de Toriyama Sekien sale al paso del caminante, le pone el niño en los brazos y le pide que lo sostenga; el bulto pesa cada vez más hasta quedarse como una roca, y quien aguanta recibe fuerza sobrehumana. El kosodate-yūrei no pide nada a nadie: paga lo que compra y vuelve a la tumba. Una interpela y la otra se las arregla sola. Por eso la segunda se lee como cuento ejemplar y no como aparición temible, y por eso los predicadores la usaron. El monje Gakkan la incluyó a comienzos de la era Edo en su tratado sobre las cuatro deudas de gratitud para hablar del amor de madre. El armazón es más antiguo que Japón: procede de un sutra budista sobre el rey de Chandravati y tiene un pariente chino cercano en el Yijian zhi de Hong Mai, del siglo XII, donde una mujer compra pasteles en lugar de caramelo. Del niño se cuenta que lo criaron en el templo y que llegó a monje; en la versión de Kioto vivió hasta los sesenta y ocho años, y en la del noreste se le da nombre y se le identifica con el bonzo Zuhaku.
El caramelo que todavía se vende
La historia tiene una prueba material que sigue en pie. En el barrio de Higashiyama, en Kioto, a un paso del cruce de Rokudo, una tienda llamada Minatoya vende desde hace siglos el mismo dulce con el nombre de la leyenda: yūrei kosodate ame, el caramelo con que un fantasma crió a su hijo. Es ámbar, se corta a mano y sabe a malta. No es un souvenir inventado para turistas: el local está donde estaba el acceso al osario de Toribeno, y la tienda se dedica a eso desde mucho antes de que existiera el turismo. La leyenda entró además en la cultura popular contemporánea por una vía que casi nadie asocia con ella. Mizuki Shigeru, el dibujante que fijó el aspecto moderno de los yōkai, contó que el niño nacido dentro de la tumba fue el germen del personaje que acabaría siendo el protagonista de su serie más famosa. Es una de esas historias que sobreviven porque no dan miedo. En un catálogo de fantasmas japoneses hecho casi entero de agravios (la traicionada, el ejecutado, la envenenada, el desterrado), el kosodate-yūrei es la única que no vuelve a vengarse de nadie ni a reclamar nada, sino a hacer la compra.
También conocido como
Reliquias
Simbología
Elemento
Espíritu maternal
Número
6
Color
Blanco puro
Animales
Cuervo de osario
Sigilos:
Rasgos
Poderes
Debilidades
Comportamiento
Resistencias
En el Atlas
Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.
Mitologías
El folclore japonés abarca tradiciones orales, mitos, leyendas y criaturas sobrenaturales como yōkai y kami, compiladas en textos ilustrados del período Edo por Toriyama Sekien en obras como Gazu Hyakki Yagyō y Konjaku Hyakki Shūi, reflejando creencias animistas sintoístas, temores ecológicos ante inundaciones y sequías, y el respeto por la naturaleza en ríos, lagos y arrozales de regiones como Shiga, Osaka y Kyoto.
Fuentes
Konjaku Monogatarishū
Compilador anónimo · siglo XII
Vasta colección japonesa de más de mil relatos (setsuwa) del final del periodo Heian (hacia el siglo XII). Reúne cuentos budistas, seculares y sobrenaturales de la India, China y Japón, y es fuente esencial de yōkai, oni y espíritus del folclore nipón.
Gazu Hyakki Yagyō
Toriyama Sekien · 1776
Bestiario ilustrado de Toriyama Sekien, dentro de su influyente serie de catálogos de yokai (1776-1784) que definió la imagen clásica de las criaturas del folclore japonés.
Atisbos del Japón desconocido
Lafcadio Hearn · 1894
Libro de Lafcadio Hearn publicado en 1894 sobre sus años en Izumo. Su capítulo decimoquinto, titulado «Kitsune», es la descripción más extensa que existe en dominio público del culto y las creencias sobre los zorros: la distinción entre zorros de Inari y zorros salvajes, el fuego de zorro y los casos de posesión recogidos en las aldeas.
Preguntas frecuentes
¿Con qué pagaba el caramelo si estaba muerta?
Con las seis monedas que se ponen en el ataúd, el rokumonsen, destinadas a pagar el paso del río Sanzu. Gasta una cada noche y al séptimo día se queda sin nada: por eso deja de pagar y hace señas al confitero para que la siga. La leyenda gasta en el hijo el peaje del propio tránsito de la madre, y ese es el detalle que la sostiene entera.
¿En qué se diferencia del ubume?
En lo que pide. El ubume corta el paso al caminante y le pone el bebé en los brazos para que lo sostenga, y el bulto se vuelve tan pesado como una roca. El kosodate-yūrei no pide nada a nadie: entra en la tienda, paga y se va. Una necesita ayuda y la otra se basta sola, y por eso una asusta y la otra conmueve.
¿Existe todavía ese caramelo?
Sí. En el barrio de Higashiyama de Kioto, junto al cruce de Rokudo, la tienda Minatoya lo sigue vendiendo con el nombre de la leyenda, yūrei kosodate ame. El local está donde estaba la entrada al antiguo cementerio de Toribeno, que es exactamente donde la historia sitúa la tumba. Es ámbar, se corta a mano y sabe a malta.
¿Es una leyenda japonesa de origen?
El armazón viene de fuera. Procede de un sutra budista sobre el rey de Chandravati y tiene un pariente chino cercano en el Yijian zhi de Hong Mai, del siglo XII, donde la mujer compra pasteles en lugar de caramelo. Japonés es todo lo demás: el rokumonsen, el confitero de barrio, el nombre del dulce y el uso que le dieron los predicadores para hablar del amor de madre.
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