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Semyaza

Jefe de los doscientos Vigilantes, antes del juramento

Curado porCreado el

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Asia
IsraelTierra Santa(Israel)
IsraelMonte Hermón(Israel)
👁️
Rango
VigilanteNiv. 80
🌌
Jerarquía
GrigoriNiv. 90

Árbol genealógico

Semyaza
Semyaza👁️ VigilanteActual

Los que velan

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Los Grigori son «los que velan». El nombre griego, egrḗgoroi, traduce un participio que significa exactamente eso: estar despierto, montar guardia. El Libro de Enoc los llama los Vigilantes y los santos del cielo, y su oficio no era castigar a nadie sino mirar.

El Libro de los Jubileos añade el detalle que cambia el sentido de todo lo que viene después: los Vigilantes bajaron a la tierra por encargo, para enseñar a los hombres el derecho y la justicia. Es decir, que el descenso no fue la transgresión. Estaban abajo porque se les había mandado estar abajo, y enseñar era su trabajo. Lo que se torció fue qué enseñaron y con quién se acostaron.

Semyaza es el jefe de los doscientos. El texto lo dice sin rodeos y sin explicarlo: es «su jefe», y por serlo es el primero que habla cuando llega el momento de decidir. Su nombre se ha leído como una frase hebrea, šem y ḥazah, «el nombre» y «ver», de donde salen las dos versiones que circulan: «mi nombre ha visto» y «el que ve el nombre». Las dos apuntan a lo mismo, que es un ángel definido por la mirada, y eso encaja demasiado bien con el nombre de su orden como para ser casualidad.

El miedo a pagar solo

El capítulo sexto del Libro de Enoc cuenta el momento con una economía notable. Los hombres se multiplicaron, les nacieron hijas hermosas, y los Vigilantes las vieron y las desearon. Hasta ahí, un deseo. Lo que ocurre a continuación es lo que distingue a Semyaza de todos los demás y lo que la ficha de un jefe tiene que contar.

Semyaza no dice «hagámoslo». Dice que tiene miedo. El texto le pone en la boca esta frase: temo que no accedáis de veras a hacerlo, y sea yo solo quien pague la pena de un gran pecado. Es una confesión de cobardía administrativa antes que de lujuria: sabe que la culpa se cobra en el jefe, y lo que busca no es permiso sino compañía en el castigo. Los otros le responden con la solución: juremos todos y obliguémonos con maldiciones mutuas a no abandonar este plan. Y así lo hicieron.

Doscientos bajaron a la cima del monte, y el texto explica el nombre del lugar con el hecho: lo llamaron Hermón porque allí se juramentaron y se obligaron con maldiciones mutuas. La montaña se llama como se llama por el juramento. No hay batalla, no hay trono disputado y no hay ejército celeste enfrente: hay doscientos que se atan entre sí para que ninguno pueda echarse atrás, y un jefe que lo organiza porque no quiere ser el único responsable. Ese es el último acto de Semyaza como Vigilante, y con él termina esta ficha: lo que viene después lo cuenta la otra.

Lo que no es

Semyaza no es Lucifer, y la confusión es tan vieja como constante. En el Libro de Enoc no hay guerra en el cielo, ni un ángel que codicie el trono, ni un tercio de las huestes arrastrado a la caída. Esa historia se compone mucho después con materiales de Isaías 14 y del Apocalipsis, y se le pega encima a los Vigilantes porque encaja con lo que el lector espera. Lo que los textos dicen de Semyaza es más pequeño y más humano: bajó porque quiso a una mujer y organizó a los demás para no responder solo.

Tampoco enseñó lo que se le atribuye. El octavo capítulo reparte los saberes prohibidos uno por uno, y a Semyaza le toca exactamente esto: encantamientos y el corte de raíces, es decir la magia de la palabra y la de las hierbas. La metalurgia, las espadas, las corazas y el afeite de los párpados son de Azazel; la astrología, de Baraqel; las constelaciones, de Kokabiel. Atribuirle a él la forja o el cielo es quitarle a esos tres lo único que los distingue del resto de los doscientos.

Y no está en los grimorios. La Clavícula de Salomón no lo nombra, ni figura entre los espíritus de la Goecia: el título de «príncipe de los Vigilantes» que le cuelgan algunos catálogos ocultistas es invención moderna sobre un nombre antiguo, y conviene decir de cuándo es cada cosa. Lo que sí ocurrió después del Hermón, el castigo y un arrepentimiento que ningún otro Vigilante tuvo, pertenece a su segunda ficha.

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También conocido como

"Semyaza" "Shemhazai"

Reliquias

Simbología

🔥

Elemento

Fuego eterno

🔢

Número

200

🎨

Color

Rojo sangre

🦁

Animales

Cuervo, Serpiente

Sigilos:

Ojo abiertoCumbre del HermónDoscientos

Rasgos

Poderes

💔

Debilidades

🧠

Comportamiento

🛡️

Resistencias

Relaciones con otros seres

En el Atlas

Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.

Mitologías

📍 Tierra Santa
📅 Desde la era talmúdica hasta la moderna (siglos I al XX)

Tradiciones esotéricas y cabalísticas dentro del judaísmo, que abarcan la mística de la Merkavá en la era talmúdica, la Cábala zohárica del siglo XIII, la Cábala lurianica del siglo XVI, el movimiento hasídico del siglo XVIII y diversas prácticas meditativas, contemplativas y visionarias destinadas a ascender por los mundos espirituales, invocar nombres divinos y alcanzar la unión mística con lo divino mientras se desentrañan los secretos del universo creador.

Fuentes

📚

Libro de Enoc

Anónimo · 300 a.C.

Texto apócrifo judío que describe la caída de los vigilantes y sus enseñanzas prohibidas.

📚

Libro de los Jubileos

Atribuido a Moisés · siglo II a.C.

El Libro de los Jubileos, texto pseudepigráfico judío (siglo II a.C.), reescribe Génesis y Éxodo, mencionando a los Vigilantes y sus líderes, incluyendo referencias a Azazel como corruptor que enseñó idolatría y fornicación, reforzando su rol en la tradición enoquiana y justificando el Diluvio como castigo.

📚

Gaster (trad.), «The Chronicles of Jerahmeel» (1899)

Moses Gaster · 1899

Compilación hebrea medieval traducida al inglés por Moses Gaster. Contiene el Midrás de Shemhazai y Azael, que es donde Semyaza se arrepiente, se cuelga cabeza abajo entre cielo y tierra y queda identificado con una constelación. Es el único texto que le da ese final, y no está en el Libro de Enoc.

Preguntas frecuentes

¿Por qué hizo jurar a los demás Vigilantes?

Por miedo. El texto le hace decir que teme que los demás se echen atrás y sea él solo quien pague la pena. El juramento no es un rito de poder: es un seguro contra quedarse solo ante el castigo.

¿Qué enseñó Semyaza a los hombres?

Encantamientos y el corte de raíces: la magia de la palabra y la de las hierbas. No la metalurgia, que es de Azazel, ni la astrología, que es de Baraqel. El octavo capítulo reparte cada saber a un Vigilante distinto.

¿Es Semyaza el mismo que Lucifer?

No, y confundirlos borra lo que tiene de propio. En el Libro de Enoc no hay guerra en el cielo ni trono codiciado: hay deseo, un juramento y un descenso. La rebelión angélica es un relato posterior que se le superpone.

¿Por qué el monte se llama Hermón?

El propio texto lo explica: lo llamaron así porque allí se juramentaron y se obligaron con maldiciones mutuas. El nombre del lugar guarda el acto, y por eso el Hermón es el sitio del pacto antes que el de la caída.

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Última actualización: 28 ago 2026