Danel
El séptimo nombre de la lista
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Tierra Santa(Israel)
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Un nombre en una lista
Danel entra en la historia dentro de una enumeración. El Libro de los Vigilantes, la parte más antigua del Libro de Enoc, cuenta que doscientos ángeles bajaron a la tierra, y en 1 Enoc 6:7 da los nombres de sus jefes: «Samîazâz, su jefe, Arâkîba, Râmêêl, Kôkabîêl, Tâmîêl, Râmîêl, Dânêl, Êzêqêêl, Barâqîjâl, Asâêl, Armârôs, Batârêl, Anânêl, Zaqîêl, Samsâpêêl, Satarêl, Tûrêl, Jômjâêl, Sariêl», y añade en el versículo siguiente: «estos son sus jefes de decenas». Danel es el séptimo de esa lista, y esa posición es casi todo lo que el texto le concede. El propio R. H. Charles, que fijó la traducción inglesa que se sigue leyendo, anotó que la enumeración está incompleta: falta un nombre después de Tûrêl, de modo que los diecinueve que se leen deberían ser veinte. El nombre se explica solo. Dan-el se compone de la raíz semítica «juzgar» y del elemento divino ’el, y significa «El juzga» o «Dios es mi juez»: es la misma fábrica que da Kôkabîêl («estrella de Dios»), Barâqîjâl («relámpago de Dios») o Zaqîêl, y no una señal de que este ángel tuviera oficio de magistrado. Mucho después, en la parte del libro llamada de las Parábolas, vuelve a aparecer una lista de nombres de ángeles y allí figura, séptimo también, como Dânjâl. Charles alinea las dos grafías en la misma casilla de su tabla comparativa: es el mismo ser, escrito por dos manos distintas.
Lo que no enseñó
La parte más citada del Libro de los Vigilantes es el reparto de saberes prohibidos: cada jefe enseña a los hombres algo que no les correspondía saber. En 1 Enoc 8:3 el texto los enumera uno a uno: «Semjâzâ enseñó encantamientos y el corte de raíces, Armârôs a deshacer encantamientos, Barâqîjâl astrología, Kôkabêl las constelaciones, Êzêqêêl el conocimiento de las nubes, Araqiêl las señales de la tierra, Shamsiêl las señales del sol, y Sariêl el curso de la luna». Danel no está. No aparece en ese versículo, y tampoco en el resto del capítulo: el octavo de 1 Enoc no lo menciona ni una sola vez. Conviene decirlo así de claro porque circula lo contrario. Enciclopedias y páginas divulgativas le atribuyen «las señales del sol», que en la traducción de Charles son de Shamsiêl; otras le dan la astrología, que es de Barâqîjâl, o el curso de la luna, que es de Sariêl. La atribución existe porque los manuscritos de 1 Enoc no coinciden entre sí y alguna variante reparte los saberes de otro modo, pero lo que se lee en el texto que fijó Charles es lo que acaba de citarse, y ahí Danel no enseña nada. La consecuencia es un ser incómodo para una enciclopedia y honesto para el lector: hay Vigilantes con biografía (Azazel, que enseña a forjar armas y a pintarse los párpados; Semyaza, que propone el pacto) y hay Vigilantes que son solo un nombre y un puesto. Danel es de los segundos. Todo lo demás que se cuenta de él viene de otros Daneles.
Lo que sí comparte: el juramento
Que el texto no le dé acto propio no significa que no tenga historia: la tiene entera, solo que en plural. Todo lo que 1 Enoc cuenta de los doscientos le corresponde por pertenencia. La escena inicial es de una sencillez tremenda: los ángeles ven que las hijas de los hombres son hermosas y se dicen unos a otros que tomen mujeres y engendren hijos. Semyaza, que es el jefe, teme algo muy concreto y lo dice en voz alta: que los demás se echen atrás y quede él como único responsable del gran pecado. La solución que encuentran es un juramento mutuo. «Y eran en total doscientos, que descendieron en los días de Jared sobre la cumbre del monte Hermón, y lo llamaron monte Hermón porque habían jurado y se habían atado con imprecaciones mutuas sobre él», dice 1 Enoc 6:6. Danel jura ahí, con los demás, y desde ese momento su destino ya no es suyo. Su rango tampoco lo singulariza: los diecinueve nombres de la lista son «jefes de decenas», es decir, oficiales intermedios que mandan sobre diez de los doscientos. No es una jerarquía de poder mágico sino de organización, y su lectura más honesta es también la más incómoda: la caída de los Vigilantes se cuenta en el texto como una operación con mandos, no como una rebelión de titanes. Danel es uno de esos mandos. Lo que ocurra después (las mujeres, los gigantes, la sentencia) le ocurrirá exactamente igual que a los otros ciento noventa y nueve.
El racimo de Daneles
Casi todo lo que se cuenta de más sobre este Vigilante procede de otros personajes que llevan su nombre, y conviene separarlos uno a uno. El primero es el Danel de Ugarit, protagonista de la Epopeya de Aqhat, en tablillas del siglo XIV a. C.: un hombre que pide un hijo a los dioses, lo obtiene, y lo pierde cuando la diosa Anat manda matarlo por un arco. De él dicen las tablillas que se sienta a la puerta, bajo un árbol, «juzgando la causa de la viuda, dictaminando el pleito del huérfano», y su nombre significa también «El juzga». El segundo es el Daniel que Ezequiel nombra dos veces junto a Noé y a Job como modelo de justicia, y una tercera al príncipe de Tiro: «he aquí que tú eres más sabio que Daniel». La mayoría de los estudiosos identifican a ese Daniel de Ezequiel con el ugarítico y no con el protagonista del Libro de Daniel, aunque la identificación se ha discutido. El tercero es un Danel humano que aparece en el Libro de los Jubileos como tío y suegro de Enoc. Y el cuarto es este, el Vigilante. Lo importante es lo que no hay: ninguna fuente antigua ni ningún estudio relacionan al Vigilante con el rey de Ugarit, ni con el juez de Ezequiel, ni con el suegro de Enoc. La coincidencia se explica sin misterio, porque «El juzga» era uno de los nombres más corrientes del semítico noroccidental. Cuando una ficha atribuye a este ángel la sabiduría judicial de Ugarit o la justicia que alaba Ezequiel, no está resumiendo una tradición: está cosiendo cuatro señores distintos en uno.
También conocido como
Simbología
Elemento
Cielo
Número
7
Color
Blanco
Sigilos:
Rasgos
Poderes
Debilidades
Comportamiento
Resistencias
Relaciones con otros seres
En el Atlas
Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.
Mitologías
Tradiciones esotéricas y cabalísticas dentro del judaísmo, que abarcan la mística de la Merkavá en la era talmúdica, la Cábala zohárica del siglo XIII, la Cábala lurianica del siglo XVI, el movimiento hasídico del siglo XVIII y diversas prácticas meditativas, contemplativas y visionarias destinadas a ascender por los mundos espirituales, invocar nombres divinos y alcanzar la unión mística con lo divino mientras se desentrañan los secretos del universo creador.
Fuentes
Libro de Enoc
Anónimo · 300 a.C.
Texto apócrifo judío que describe la caída de los vigilantes y sus enseñanzas prohibidas.
Libro de los Jubileos
Atribuido a Moisés · siglo II a.C.
El Libro de los Jubileos, texto pseudepigráfico judío (siglo II a.C.), reescribe Génesis y Éxodo, mencionando a los Vigilantes y sus líderes, incluyendo referencias a Azazel como corruptor que enseñó idolatría y fornicación, reforzando su rol en la tradición enoquiana y justificando el Diluvio como castigo.
Libro de Ezequiel
Ezequiel ben Buzi (atribuido) · c. 593-571 a.C.
El Libro de Ezequiel es uno de los profetas mayores del Antiguo Testamento, que relata las visiones y profecías del profeta Ezequiel durante el exilio babilónico, incluyendo el carro divino, valle de huesos secos y templo futuro.
Preguntas frecuentes
¿Qué enseñó Danel a los hombres?
Nada, según el texto. El reparto de saberes prohibidos está en 1 Enoc 8:3 y ahí figuran ocho nombres: Semjâzâ, Armârôs, Barâqîjâl, Kôkabêl, Êzêqêêl, Araqiêl, Shamsiêl y Sariêl. Danel no aparece en ese versículo ni en el resto del capítulo. Lo que suele atribuírsele («las señales del sol») es de Shamsiêl.
¿Es el mismo Danel que el rey de Ugarit?
No, y no hay ninguna fuente que los ligue. El de Ugarit es el padre de Aqhat, que juzga la causa de la viuda y el pleito del huérfano; a ese suele identificarlo la mayoría de los estudiosos con el Daniel que Ezequiel nombra junto a Noé y Job. Hay además un tercer Danel humano en el Libro de los Jubileos, tío de Enoc. Los cuatro comparten un nombre corrientísimo, «El juzga», y nada más.
¿Por qué su ficha dice tan poco?
Porque el texto dice poco. Danel aparece dos veces en todo 1 Enoc: en la lista de jefes de 6:7 y en la de 69:2, escrito allí Dânjâl. No hay una tercera mención en los ciento ocho capítulos. Rellenar ese hueco con aventuras es lo que ha producido las versiones fantasiosas que circulan; esta ficha prefiere decir dónde acaba el texto.
¿Qué juraron los doscientos en el Hermón?
Se juraron unos a otros no echarse atrás. Semyaza, su jefe, temía quedar como único culpable si los demás se arrepentían, así que se ataron con imprecaciones mutuas antes de bajar. Por eso el monte se llama Hermón, dice 1 Enoc 6:6: por el juramento que se hizo en su cumbre. Danel es uno de los que juran, y desde ahí su destino es el de los otros ciento noventa y nueve.
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