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Tikbalang

Tikbalang, el cambiaformas de los montes filipinos

Curado porCreado elActualizado el

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Asia
FilipinasFilipinas(Filipinas)
FilipinasLuzón(Filipinas)
🐴
Rango
Embaucador de SenderosNiv. 55
🪦
Jerarquía
Espíritus del Sudeste AsiáticoNiv. 80

Un fantasma antes que un caballo

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El nombre está documentado desde muy temprano y la forma no. En 1589, el franciscano Juan de Plasencia enumera lo que temían los tagalos y escribe una línea escueta: había espectros que llamaban vibit, y fantasmas que llamaban tigbalaang. Nada más. Ni cabeza, ni patas, ni estatura. Siglo y medio después, el Vocabulario de la lengua tagala de Noceda y Sanlúcar sigue definiéndolo con dos palabras, «trasgo ó duende», y remite de su entrada a la del patianac, con el que comparte casilla. Esa es la base documental del ser: un habitante de los despoblados que se nombra pero no se describe, y del que lo primero que se dice no es qué aspecto tiene, sino lo que le hace al que pasa. Las grafías coloniales fluctúan (tigbalang, tigbalag, tigbalaan) y la forma moderna tikbalang no aparece en ninguna crónica: es posterior.

Cómo se le fue formando el cuerpo

Las crónicas permiten seguir el proceso casi década a década. Hacia 1630, el agustino Casimiro Díaz recoge lo que le contaron quienes decían haberlo visto en Ogtón, Panay y Taal, y el retrato no tiene nada de equino: cara de gato, cabeza aplanada por arriba, barba espesa, todo el cuerpo cubierto de pelo largo, y unas piernas tan desmesuradas que, cuando se pone en cuclillas, las rodillas le quedan una vara por encima de la cabeza; corre además más que cualquier cuadrúpedo. Un siglo después, Tomás Ortiz lo describe como cambiaformas: se aparece en figura de hombre negro, de viejo, de caballo o de monstruo. El caballo es una de sus formas posibles, no su forma. Hay que llegar a 1763, con fray Antonio Mozo, para leer por fin la fórmula que hoy define al ser: cuerpo de gigante y patas de caballo. En cuanto a lo que hace, las crónicas coinciden en dos cosas, y ninguna es la que hoy se le atribuye primero. Una es el trato: Ortiz cuenta que quienes se lo encuentran acaban haciendo amistad con él y le entregan sus rosarios a cambio de pelos, hierbas y piedras con que conseguir lo que pretenden. La otra es la desaparición: Casimiro Díaz refiere que hay quien se marcha con estos seres y se pierde largo tiempo, y vuelve aterrado y desfallecido. El motivo de hacer dar vueltas al caminante hasta devolverlo al mismo punto, que es hoy su rasgo más conocido, no consta en ninguna fuente antigua: es tradición oral recogida en el siglo XX.

Cómo se le doma y cómo se le esquiva

La colección de folclore que dirigió Isabelo de los Reyes en 1890 conserva el procedimiento entero, y no es un gesto sino una prueba. Al tigbalang se le busca en el monte, sentado en cuclillas al pie de los árboles más grandes; hay que llegar sin que te vea, abalanzarse sobre él, derribarlo y atarlo con un cordón de la Correa bendita que se debe llevar preparado, y luego montarlo y aguantar mientras vuela contigo encima hasta que el cansancio lo rinde. Solo entonces se confiesa vencido y ofrece lo que se le pida. Lo que se le exige es una de las tres púas más gruesas de la cabeza, y la del medio es la preferible; la negará al principio, porque desprenderse de ella es su mayor sacrificio. Esa púa se guarda como anting-anting, el amuleto de la tradición filipina, y es lo que da poder sobre él. Conviene decir el nombre correcto, porque esta ficha llegó a llamarlo de otra manera: no hay yantras en la magia filipina; hay anting-anting, y es el término que la propia fuente emplea. Y nótese que ni ahí ni en ninguna otra fuente antigua interviene el hierro: lo que ata al tigbalang es un cordón bendito, es decir un sacramental católico, y no el metal frío de las hadas europeas.

El caballo llegó con los españoles

Conviene decirlo con claridad porque la ficha llegó a afirmar lo contrario: el tikbalang es de raíz prehispánica como espíritu, no como ser con cabeza de caballo. En el archipiélago no había caballos antes de que los trajeran los españoles a partir de 1565, de modo que ninguna figura anterior pudo tenerla. Y las fuentes lo confirman por su cuenta, sin necesidad de deducirlo: en 1589 no se le describe, hacia 1630 tiene cara de gato, hacia 1731 el caballo es una entre cuatro formas posibles, y en 1763 aparece por fin fijado como cuerpo de gigante y patas equinas. Lo que cambió no fue la criatura sino el establo del que se sacaba su imagen. Del mismo orden es una equivalencia que circula por listas modernas y que esta ficha llegó a repetir: la de emparentar al tikbalang con los espíritus-zorro de Asia oriental. El hilo del que se tiró es real, pero es meteorológico y no genealógico: cuando llueve con sol, en Filipinas se dice que se está casando un tikbalang, y en Japón que es la boda del zorro. Ese modismo existe en medio mundo y en cada sitio se le cuelga al embaucador que haya a mano. Compartir un dicho sobre la lluvia no hace de dos criaturas la misma.

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Reliquias

Simbología

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Elemento

Tierra-bosque

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Número

3

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Color

Marrón oscuro caballo y dorado

🦁

Animales

Caballo

Sigilos:

Piernas larguísimasPúas de la crinAnting-antingLluvia con solRosario trocadoÁrbol grande

Rasgos

Poderes

💔

Debilidades

🧠

Comportamiento

🛡️

Resistencias

Relaciones con otros seres

En el Atlas

Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.

Mitologías

📅 Pre-1521 hasta presente

Cuerpo de creencias y narrativas sobrenaturales del archipiélago filipino, sincretismo entre tradiciones austronesias autóctonas, influencias chino-malayas precoloniales, catolicismo hispano (1565-1898) y modernidad estadounidense. Vampíricos (aswang, manananggal, tiyanak), cambiaformas (tikbalang), gigantes arbóreos (kapre) y espíritus de la naturaleza (engkanto, duwende).

Fuentes

📚

Cuentos populares filipinos (Filipino Popular Tales)

Dean S. Fansler (comp.) · 1921

Amplia recopilación académica de cuentos populares filipinos reunida por Dean S. Fansler a comienzos del siglo XX, fuente clásica del folclore narrativo de Filipinas.

📚

Las Islas Filipinas, 1493-1898 (vol. 43)

Emma H. Blair y James A. Robertson (eds.) · 1903-1909

Colección en cincuenta y cinco tomos de documentos coloniales de Filipinas, editada y traducida por Emma Blair y James Robertson entre 1903 y 1909. El volumen 43 es el que interesa aquí: recoge la Práctica del ministerio de Tomás Ortiz (h. 1731) y la Historia de Martínez de Zúñiga (1803), donde aparecen el tigbalag y el patianac, este último emparejado con el asuang como enemigos del parto y de los niños.

📚

Diccionario mitológico de Filipinas, de Blumentritt

Ferdinand Blumentritt · 1895

Diccionario de la mitología de Filipinas compilado por el etnógrafo Ferdinand Blumentritt en 1895, catálogo pionero de sus dioses y espíritus.

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Costumbres de los tagalos

Fray Juan de Plasencia, O.S.F. · 1589

Relación escrita en 1589 por el franciscano Juan de Plasencia sobre las creencias y costumbres de las islas Filipinas, traducida al inglés en el volumen VII de la colección de Blair y Robertson. Al enumerar las clases de hechiceros incluye en octavo lugar al osuang, de quien dice que le han visto volar y que mataba hombres y comía su carne, y precisa que se daba entre los bisayas y no entre los tagalos. Es la atestiguación primaria más temprana del aswang.

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El folk-lore filipino, tomo II

Isabelo de los Reyes (dir.) y Mariano Ponce · 1890

Segundo tomo de la colección de folclore que Isabelo de los Reyes dirigió y anotó en Manila. Dentro de él, el Folk-Lore Bulaqueño de Mariano Ponce dedica un capítulo al tigbalang y otro al tianak, y les da un mismo origen. Del primero describe la cabeza equina, las púas duras como las del puercoespín en lugar de crines y el ritual de doma con el cordón de la Correa bendita; del segundo, que se aparece como recién nacido, perro, puerco o trozo de madera, y que extravía a los viajeros en los parajes despoblados.

Preguntas frecuentes

¿Desde cuándo está documentado el tikbalang?

Desde 1589, cuando Juan de Plasencia lo cita entre lo que temían los tagalos: «fantasmas que llamaban tigbalaang». No lo describe. La forma con cabeza de caballo tarda casi dos siglos en aparecer.

¿Cómo se le somete según el folclore?

Hay que sorprenderlo en cuclillas al pie de un árbol grande, derribarlo y atarlo con un cordón de la Correa bendita, montarlo y aguantar mientras vuela hasta agotarse. Vencido, cede una de sus tres púas más gruesas, mejor la del medio, que se guarda como anting-anting.

¿Es el tikbalang pariente de los espíritus-zorro asiáticos?

No. Lo único que comparten es un dicho sobre la lluvia con sol: aquí se casa un tikbalang, en Japón es la boda del zorro. Ese modismo existe en medio mundo y se le cuelga al embaucador local; no emparenta a nadie.

¿Qué relación tiene con el tiyanak?

Muy estrecha en las fuentes. El diccionario tagalo del siglo XVIII los define con la misma palabra y remite del uno al otro, y la colección de 1890 les da el mismo origen: el alma de los fetos abortados se hace duende, tianak o tigbalang. Sobre todo, comparten el oficio: extraviar al caminante.

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Bestiarypedia. (2026, August 23). Tikbalang. Bestiarypedia. https://bestiarypedia.com/es/beings/tikbalang-horse-headed-trickster

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Última actualización: 23 ago 2026