Nakir
Nakir, el ángel cuyo nombre es una palabra del Corán
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Una palabra del Corán, un ángel que no lo está
Nakir es el segundo de los dos ángeles que examinan al muerto en su fosa, y su nombre tiene una particularidad que el de su compañero no tiene: es una palabra del Corán. Nakir aparece allí como remate de una advertencia, en la fórmula «y cuál fue mi reprobación», con la que Dios recuerda lo que hizo con los pueblos que desmintieron a sus profetas. En ese lugar no designa a nadie: designa un acto divino, la desautorización severa de lo que los hombres hicieron. El diccionario de Hughes traduce el nombre del ángel exactamente así, como «el que Reprueba».
De modo que la palabra es coránica y el ángel no. Al Corán no le hace falta nombrar a ninguno de los dos: quien los nombra es al-Tirmidhi, en un solo hadiz. Y la tradición chií añade el dato que explica por qué son dos nombres y no dos biografías: Munkar y Nakir no son nombres propios, sino nombres de lo que ocurre. Cuando los mismos dos ángeles llegan ante quien respondió bien, esa tradición los llama Bashir y Mubashshir, el que anuncia y el que trae la buena nueva, porque comparecen con buen rostro.
Ese detalle vale más que cualquier reparto de funciones: los nombres describen el encuentro, no a los individuos. El muerto que ve a Nakir y el que ve a Mubashshir no están viendo ángeles distintos, sino la misma visita según lo que él haya contestado.
El intervalo
El barzaj es el nombre coránico del intervalo. La palabra significa istmo o tabique, y aparece en la azora 23, versículo 100: detrás de los muertos hay un barzaj hasta el día en que sean resucitados, y por eso no vuelve nadie. Ese es el tiempo en el que vale lo que se decidió en la tumba.
Lo que sigue a la respuesta lo cuenta el hadiz de al-Bara ibn Azib. A quien responde bien se le ensancha la fosa y se le abre una puerta al Jardín, y por ella le llegan su aire y su perfume. A quien no responde se le estrecha la tumba hasta que se le entrecruzan las costillas, y se le abre una puerta al Fuego, y por ella le llegan su calor y su viento pestilente. Ni una cosa ni la otra es la sentencia: son un anticipo, y duran lo que dure el intervalo.
Ibn Qayyim al-Jawziyya dedicó a ese intervalo un libro entero en el siglo XIV, el Kitab al-Ruh, que sigue siendo el tratado clásico más detallado sobre lo que le ocurre al alma entre el entierro y la resurrección. Y frente a todo ello la tradición pone algo muy pequeño y muy material: el Profeta pasó junto a dos tumbas cuyos ocupantes estaban siendo castigados, partió en dos una rama de palma verde y clavó una mitad en cada una, diciendo que quizá se les aliviara mientras las ramas no se secaran.
El tormento de la tumba no es el infierno
El tormento de la tumba no es el infierno. Jahannam es otro lugar, tiene su propio guardián, Maalik, y no se entra en él hasta después del juicio; lo que administra Nakir es anterior a todo eso y no decide nada de forma definitiva. Confundir las dos cosas convierte un intervalo en una condena y deja sin sentido el resto de la escatología islámica, que coloca el juicio mucho más tarde.
La prueba de que no es definitivo es justamente la rama de palma. Si el castigo de la tumba puede aliviarse porque dos ramas siguen verdes, no es una sentencia: es una situación. Por la misma razón, la tradición admite que la súplica de los vivos alcance al muerto en ese estado, cosa que nadie afirma del infierno.
Y Nakir no es un demonio. No pertenece a los rebeldes ni a los caídos, no tienta a nadie ni tiene voluntad propia en el asunto: pregunta lo que se le manda preguntar y hace lo que la respuesta determina. Que su nombre suene a castigo se debe a que es, literalmente, la palabra con la que el Corán nombra el castigo; el ángel que la lleva es un funcionario del intervalo, no su dueño.
Reliquias
Simbología
Elemento
Tierra
Número
2
Color
Negro
Animales
Serpiente
Sigilos:
Rasgos
Poderes
Debilidades
Comportamiento
Resistencias
Relaciones con otros seres
Aliado de
Compañero de
Sirviente de
En el Atlas
Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.
Mitologías
Las religiones abrahámicas comprenden el judaísmo, el cristianismo y el islam, tres tradiciones monoteístas que comparten un origen común en la figura de Abraham, considerado patriarca en las tres. Surgidas en el antiguo Oriente Próximo, el judaísmo se desarrolló entre los hebreos durante el segundo milenio a. C., el cristianismo surgió en el siglo I d. C. en el contexto del judaísmo del Segundo Templo y el islam apareció en el siglo VII en la península arábiga. Cada una de ellas se basa en revelaciones divinas transmitidas a través de profetas y escrituras sagradas, como la Torá, la Biblia y el Corán, y sostiene la creencia en un único Dios creador y juez.
Fuentes
Sahih al-Bujari
Muhammad ibn Ismail al-Bujari · 846
Sahih al-Bujari de Muhammad ibn Ismail al-Bujari (m. 870 d.C.) es la más auténtica recopilación de hadices suníes, reuniendo miles de dichos del Profeta Mahoma clasificados, fuente primaria para Sunna y fiqh.
Sahih Muslim
Muslim ibn al-Hayyay · 875
Colección canónica de hadices compilada por Muslim ibn al-Hajjaj que incluye narraciones sobre los ángeles de la tumba.
Kitab al-Ruh
Ibn Qayyim al-Yawziyya · 1350
Obra de Ibn Qayyim al-Jawziyya que detalla la vida del alma después de la muerte y el papel de los ángeles interrogadores.
Diccionario del islam (Hughes)
Thomas Patrick Hughes · 1885
Obra de referencia decimonónica en dominio público. Su entrada «Izrail» reúne lo que el Corán, el hadiz y los comentarios dicen del ángel de la muerte, y distingue con claridad qué procede de cada capa.
Yami al-Tirmidhi
Abu Isa al-Tirmidhi · c. 884
Una de las seis colecciones canónicas de hadices del islam suní, compilada en el siglo IX. Es la única que pone nombre a los dos ángeles del interrogatorio de la tumba: en el hadiz que transmite Abu Hurayra, al difunto recién sepultado le llegan dos ángeles negros de ojos azules llamados al-Munkar y an-Nakir.
Sunan de Abu Dawud
Abu Dawud al-Sijistani · c. 888
Otra de las seis colecciones canónicas suníes, del siglo IX. Recoge el hadiz de al-Bara ibn Azib, que es el que trae las tres preguntas de la tumba, la fosa ensanchada o estrechada, las puertas abiertas al Jardín o al Fuego y el ángel ciego y sordo de la maza. En él los dos ángeles no llevan nombre.
Preguntas frecuentes
¿Es Nakir el ángel del infierno?
No. Jahannam tiene su propio guardián, Maalik, y no se entra en él hasta después del juicio. Lo que ocurre en la tumba pertenece al barzaj, el intervalo entre la muerte y la resurrección, y es provisional: el hadiz de la rama de palma da por hecho que puede aliviarse, cosa que del infierno no se dice.
¿Por qué a veces se les llama Bashir y Mubashshir?
Porque los nombres no son nombres propios, sino nombres de oficio. La tradición chií cuenta que ante quien responde bien los mismos dos ángeles comparecen con buen rostro, y entonces se los llama Bashir y Mubashshir, el que anuncia y el que trae la buena nueva. No son cuatro ángeles: son dos, y el nombre cambia según lo que traen.
¿Puede aliviarse el castigo de la tumba?
La tradición dice que sí, y con eso deja claro que no es una sentencia. El Profeta pasó junto a dos tumbas cuyos ocupantes eran castigados, partió en dos una rama de palma verde y clavó una mitad en cada una, diciendo que quizá se les aliviara mientras las ramas no se secaran. De ahí que también se admita que la súplica de los vivos alcance al muerto en el barzaj.
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