Iblís
Iblís, el jinn que no se postró
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Península Arábiga(Arabia Saudita)Árbol genealógico
La negativa: el origen de Iblís
Iblís entra en el Corán por una escena, no por una genealogía. Dios modela a Adán del barro y ordena a los ángeles que se postren ante él, y todos obedecen menos uno. El argumento de la negativa está en la sura 7:12: «Me creaste de fuego y a él lo creaste de barro». La sura 18:50 precisa que «era de los jinn», y de ahí arranca un debate que ocupó siglos a la teología islámica. Si fue un ángel que pecó, habría que admitir que los ángeles pueden desobedecer, cosa que la mayoría rechaza; si fue un jinn, queda por explicar qué hacía entre los ángeles cuando se dio la orden. Los tafsires de al-Tabari e Ibn Kathir recogen una tradición atribuida a Ibn Abbás según la cual antes de la caída se llamaba Azazil y había adorado a Dios durante milenios, hasta ser contado entre la hueste celeste por pura devoción. El pecado que el islam pone en el origen del mal no es la lujuria ni la mentira, sino la soberbia de creerse hecho de mejor materia.
El plazo y el susurro
Lo que el Corán concede a Iblís no es fuerza, sino plazo. En la sura 15:36 pide que se le aplace hasta el día de la resurrección y se le concede, y en 7:16 y 7:17 anuncia que acechará a los humanos por delante y por detrás, por la derecha y por la izquierda. Su instrumento es la waswasa, el susurro: no obliga a nadie, sugiere. Lo dice el propio Iblís el día del juicio, en la sura 14:22: «Yo no tenía sobre vosotros autoridad alguna, salvo que os llamé y me respondisteis». Esa frase es la clave de todo su poder, porque le retira la coacción y le deja solo la insinuación. La tradición añade que trabaja con método. Un hadiz recogido por Muslim (2813) cuenta que pone su trono sobre las aguas y despacha destacamentos, y que asciende en su favor el que consigue separar a un hombre de su mujer. También se le atribuye tomar figura humana: los relatos de la Meca lo hacen presentarse como un anciano venido del interior de Arabia para aconsejar a los coraixíes, y la sura 8:48 lo muestra apareciéndose a los suyos en la jornada de Badr y desertando cuando ve lo que se le viene encima. Contra el susurro, la costumbre prescribe recitar las dos últimas suras del Corán, al-Falaq y an-Nas, llamadas por eso las muawwidatán, «las dos que amparan».
Una imagen que el Corán no da
El Corán no describe a Iblís en ningún versículo. Toda su imagen es posterior y nace en los manuscritos ilustrados persas: en la tradición del Tarij de Balamí y en los Qisas al-anbiya safávidas se le pinta con el rostro ennegrecido, ojos llameantes, una cabeza desproporcionada con cuernos, cola y garras, y un tocado que nunca es el turbante musulmán. Pero lo que de verdad lo identifica en esas miniaturas no es ningún rasgo del cuerpo, sino una postura: la escena lo muestra erguido en medio de ángeles que se inclinan. La negativa es su emblema, y basta para reconocerlo sin leer una línea del texto. La tradición posterior le asignó además dos animales cómplices, la serpiente y el pavo real, que en los relatos de los profetas lo introducen a escondidas en el jardín para que pueda hablar con Adán y su esposa. El pavo real reaparece siglos más tarde, por caminos discutidos y sin acuerdo entre los estudiosos, en el Malak Taús de los yazidíes, un paralelo que se cita a menudo y que conviene manejar con cuidado, porque los propios yazidíes no lo entienden como una figura caída.
Los sufíes y los cinco hijos
La lectura más extraña de esta figura no la hicieron los juristas, sino los místicos. Al-Hallaj, en el Kitab al-Tawasin, y después Ain al-Qudat Hamadani y Rumi, invirtieron el sentido de la negativa: un monoteísta tan estricto que prefirió la condena eterna antes que inclinarse ante algo que no fuera Dios. En esa lectura Iblís es el amante fiel castigado justamente por su fidelidad, y por eso algunas miniaturas persas lo dibujan como un pir venerable o un qalandar errante, y no como un monstruo. La corriente mayoritaria nunca aceptó esa interpretación, pero tampoco logró borrarla, y sin ella no se entiende que en la poesía persa Iblís pueda aparecer como figura trágica en lugar de enemigo. Su descendencia pertenece a otro registro, mucho más doméstico. Los tafsires le atribuyen cinco hijos, Tabr, al-Awar, Sut, Dasim y Zalanbur, y reparten entre ellos oficios concretos: las calamidades y los accidentes, la lujuria, la mentira, la discordia entre esposos y el fraude en el mercado. De los cinco, solo Dasim conserva una función viva fuera de los manuales, porque es el que se cuela en la casa cuando el marido entra por la puerta y consigue que la pareja discuta antes de la cena.
Reliquias
Simbología
Elemento
Fuego caído
Número
1
Color
Rojo negruzco profundo
Animales
Serpiente negra, Pavo real, Buitre del desierto
Sigilos:
Rasgos
Poderes
Debilidades
Comportamiento
Resistencias
Relaciones con otros seres
En el Atlas
Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.
Mitologías
El folclore árabe abarca tradiciones orales, cuentos de Las Mil y Una Noches, y seres sobrenaturales como djinn, ifrit y marid, espíritus creados de fuego sin humo según el Corán (Sura 55:15), originados en mitos preislámicos de la Península Arábiga, reflejando el animismo beduino, temores a los espíritus del desierto, tormentas y oasis, compilados en literatura medieval como las obras de Al-Jahiz y transmitidos en regiones como Hiyaz, Yemen y el Magreb.
Fuentes
El Corán
Mahoma (revelación tradicional) · 632
Libro sagrado del islam, revelado al profeta Mahoma en el siglo VII. Además de su mensaje religioso, menciona a ángeles como Yibril y Mika’il, a los yinn creados del fuego sin humo y a figuras como Iblís, y es fuente primaria de numerosos seres de la tradición islámica.
Versos coránicos sobre Adán
Profeta Mahoma (revelado) · 610-632 d.C.
Suras como Al-Baqara 2:30-39 y Al-Hijr 15:26-29 describen la creación de Adán de arcilla, enseñanza de nombres y postración de ángeles, base de la narrativa coránica.
Tafsir de al-Tabari
Muhammad ibn Yarir al-Tabari · 915
Comentario clásico del Corán compilado por Muhammad ibn Jarir al-Tabari en el siglo X.
Preguntas frecuentes
¿Iblís era un ángel o un jinn?
La sura 18:50 dice que «era de los jinn». Aun así, buena parte de la exégesis antigua lo tuvo por ángel, porque la orden de postrarse iba dirigida a los ángeles y fue él quien la desobedeció. Aceptarlo obligaría a admitir que los ángeles pecan, y por ahí la opinión mayoritaria acabó decantándose por el jinn admitido entre ellos gracias a su devoción.
¿Por qué se negó a postrarse ante Adán?
Por la materia. Su argumento, en la sura 7:12, es que el fuego del que fue creado vale más que el barro de Adán. La tradición lo lee como el primer acto de soberbia y no como simple desobediencia, y la diferencia importa: Iblís no discute que la orden venga de Dios, discute el rango de quien tiene que recibir el gesto.
¿Iblís, shaitán y Satanás son lo mismo?
No exactamente. Iblís es un nombre propio. Shaitán es una clase, la de los jinn rebeldes, y el Corán se la aplica también a él, de modo que todo Iblís es shaitán pero no todo shaitán es Iblís. Satanás es la figura equivalente en la tradición cristiana, y cae por otro motivo: se rebela contra Dios, no por negarse a honrar a un hombre. Por eso van como variantes culturales y no como el mismo ser.
¿Qué se recita contra su susurro?
Las dos últimas suras del Corán, al-Falaq y an-Nas, conocidas por eso como las muawwidatán, «las dos que amparan». La costumbre las prescribe porque piden refugio justamente contra «el que susurra y se escabulle». Encaja con lo que el propio Iblís admite en la sura 14:22: no tiene poder para obligar a nadie, solo para llamar.
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