Okiku
Okiku, la voz que cuenta platos en el pozo
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Japón(Japón)
Castillo de Himeji(Japón)⇄ Variantes culturales (1)
Comparten arquetipo
Otras lecturas de Onryō
Hay dos casas de los platos, no una
La leyenda de Okiku no es una, son dos, y contarlas como si fueran la misma es el error más extendido sobre ella. Las dos se llaman Sarayashiki, «la casa de los platos», y las dos acaban con una mujer en un pozo contando vajilla; en casi todo lo demás difieren.
La versión de Banshū (Banshū es el nombre antiguo de la provincia de Harima, donde se levanta Himeji) la sitúa en aquel castillo, y ahí Okiku no es una criada cualquiera: es una espía. El vasallo leal Kinugasa Motonobu descubre que Aoyama Tetsuzan conspira para apoderarse del señorío y la coloca dentro de la casa del conspirador para vigilarlo. Cuando la trama se tuerce, un hombre de Aoyama la acusa en falso de haber perdido uno de los diez platos que la casa guarda como tesoro heredado, la tortura hasta matarla y arroja el cuerpo a un pozo viejo. Esta es la versión que llegó primero al teatro: un jōruri de marionetas estrenado en 1741 en el Toyotake de Osaka, ambientado en el período Muromachi.
La versión de Banchō traslada la casa a un barrio de Edo y cambia al villano por Aoyama Harima. Es la que dio nombre a la obra más conocida, y esa obra es mucho más tardía de lo que casi todo el mundo supone.
Lo que esta ficha narra, y lo que sostiene el pozo que todavía se enseña, es la versión de Himeji.
Contar hasta nueve y no llegar nunca a diez
Lo que se oye junto al pozo es una cuenta. Una voz de mujer dice uno, dos, tres, y sigue hasta nueve; entonces se quiebra en un lamento y vuelve a empezar. Nunca llega a diez, porque el décimo plato es el que falta y el que la mató.
El detalle importa más de lo que parece, porque define qué clase de fantasma es. La maldición de Okiku no es un ataque: es una repetición. No persigue a nadie, no desfigura a nadie, no arrastra a su asesino a la locura como hace Oiwa en el Yotsuya Kaidan. Se limita a contar, y quien la oye enferma, enloquece o muere por el mero hecho de haberla escuchado. Es uno de los pocos espectros japoneses cuyo poder entero consiste en un sonido.
Y precisamente por eso la tradición le concede una salida que casi ningún otro onryō tiene. En varias versiones alguien (un vecino con temple, un monje) espera junto al brocal a que la voz llegue a nueve y grita «¡diez!» en el silencio siguiente. La cuenta queda completa, el agravio se cierra, y Okiku deja de aparecer. Es una liberación por aritmética: no hace falta exorcizarla ni vencerla, hace falta terminarle la frase.
El pozo, el insecto y la obra que le dio la vuelta
El pozo existe. Se llama Okiku-ido, está dentro del recinto del castillo de Himeji y se enseña a los visitantes; al lado hay un pequeño santuario dedicado a ella. Que un fantasma tenga dirección postal no es exclusivo suyo (Oiwa también la tiene, en Tokio) pero sí lo bastante infrecuente como para explicar por qué esta leyenda ha llegado tan lejos: hay un sitio al que ir.
En Himeji se le atribuye además un insecto. Cierta crisálida que aparece por la zona tiene una forma que recuerda a una mujer atada de brazos, y la tradición local la llama okiku-mushi, «el bicho de Okiku», y la explica diciendo que es ella, que vuelve cada año en esa figura. Es un caso limpio de leyenda adherida a una observación real de la naturaleza: el nombre no explica el insecto, el insecto sostiene el nombre.
Y queda lo más desconcertante, que es lo que casi nadie sabe. La obra de teatro que hizo universal a Okiku no es antigua ni es una historia de fantasmas. Banchō Sarayashiki, de Okamoto Kidō, se estrenó en el teatro Hongō-za de Tokio en febrero de 1916. En ella Okiku no es una inocente acusada en falso: rompe el plato a propósito, para averiguar si Aoyama Harima la quiere de verdad o solo la tolera, y él la mata al sentirse puesto a prueba. No hay espectro, no hay cuenta junto al pozo, no hay venganza. La versión que más se ha representado en el último siglo es, en el fondo, la negación de la leyenda que la precede.
También conocido como
Reliquias
Simbología
Elemento
Agua
Número
9
Color
Blanco
Animales
Zorro
Sigilos:
Rasgos
Poderes
Debilidades
Comportamiento
Resistencias
En el Atlas
Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.
Mitologías
El folclore japonés abarca tradiciones orales, mitos, leyendas y criaturas sobrenaturales como yōkai y kami, compiladas en textos ilustrados del período Edo por Toriyama Sekien en obras como Gazu Hyakki Yagyō y Konjaku Hyakki Shūi, reflejando creencias animistas sintoístas, temores ecológicos ante inundaciones y sequías, y el respeto por la naturaleza en ríos, lagos y arrozales de regiones como Shiga, Osaka y Kyoto.
Fuentes
Cuentos de Banchō Sarayashiki
Anónimo · 1741 (jōruri) sobre tradición anterior
Banchō Sarayashiki ("La mansión de los platos"), célebre cuento de fantasmas japonés (kaidan) del periodo Edo. Relata el espíritu vengativo (yūrei) de la criada Okiku, arrojada a un pozo, que cada noche cuenta platos y aterra a su asesino.
Hyaku Monogatari (Cien cuentos de fantasmas) de Hokusai
Katsushika Hokusai · 1831
Serie de grabados ukiyo-e de Hokusai basada en el juego de los cien cuentos de fantasmas (hyakumonogatari) del terror japonés.
Nuevas formas de treinta y seis fantasmas, de Yoshitoshi
Tsukioka Yoshitoshi · 1889
Serie de grabados ukiyo-e de Tsukioka Yoshitoshi (1889-1892), «Nuevas formas de treinta y seis fantasmas», sobre espectros y leyendas.
Banchō Sarayashiki
Okamoto Kidō · 1916
Obra de kabuki estrenada en el teatro Hongō-za de Tokio en febrero de 1916. Reescribe la leyenda de la casa de los platos como tragedia amorosa: Okiku rompe el plato deliberadamente para probar el amor de Aoyama Harima, y no hay fantasma ni venganza. Es la versión más representada del siglo XX y la que contradice a la leyenda que la precede.
Preguntas frecuentes
¿Por qué cuenta hasta nueve y nunca llega a diez?
Porque el décimo plato es el que falta. La casa guardaba diez piezas heredadas y a Okiku la acusaron de haber perdido una; el plato que no aparece es a la vez el motivo de su muerte y el que le impide cerrar la cuenta. Su aparición consiste enteramente en eso: una voz que llega a nueve, se quiebra y vuelve a empezar.
¿Se puede liberar a Okiku?
Sí, y sin exorcismo. En varias versiones alguien espera junto al pozo a que la voz llegue a nueve y grita «diez» en el silencio siguiente: la cuenta queda completa y Okiku deja de aparecer. Es de los pocos onryō con una salida así, y dice mucho de ella que no se la venza ni se la expulse, sino que se le termine la frase.
¿Cuál de las dos versiones de la leyenda es la del castillo de Himeji?
La de Banshū, que es el nombre antiguo de la provincia donde está Himeji. Ahí Okiku es una espía infiltrada por el vasallo Kinugasa Motonobu para vigilar a Aoyama Tetsuzan, que conspira contra el señorío, y muere acusada en falso de perder uno de los diez platos. La otra versión, la de Banchō, traslada la casa a Edo y cambia al villano por Aoyama Harima.
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