Erinias
Erinias, las vengadoras del crimen de sangre
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Nacidas de un crimen contra el padre
Las Erinias nacen de un crimen contra el padre, y ese origen es su oficio entero. La Teogonía de Hesíodo (versos 176 a 187) cuenta que Crono, armado con la hoz que le dio su madre Gea, castró a Urano y arrojó al mar lo que le cortó; las gotas de sangre cayeron en cambio sobre la tierra, y Gea, fecundada por ellas, parió a las Erinias, a los Gigantes y a las ninfas Melias. Son, literalmente, hijas de una mutilación filial, y lo que persiguen el resto del tiempo es exactamente eso: la sangre derramada dentro de la propia casa.
Esquilo da otra genealogía. En las Euménides ellas mismas se llaman hijas de la Noche, sin padre, una versión que subraya su antigüedad y su independencia frente a los olímpicos en lugar de su parentesco. Las dos tradiciones convivieron sin que nadie se molestara en conciliarlas, porque a los griegos les importaba menos de quién eran hijas que de qué eran capaces.
Y hay un dato que las sitúa mucho antes de todo eso. En las tablillas en lineal B de Cnoso, del siglo XIV a. C., aparece el nombre e-ri-nu entre los destinatarios de ofrendas. Si la lectura es correcta, y el consenso es amplio, las Erinias son una de las poquísimas divinidades griegas atestiguadas ya en la Edad del Bronce, siglos antes de que Homero las nombrara.
Qué castigan exactamente, y qué no
Lo que castigan las Erinias no es el crimen en general, sino una lista corta y muy precisa. Ante todo, la sangre derramada entre parientes, y sobre todo el matricidio, que ningún tribunal humano podía juzgar porque no quedaba parte acusadora: la víctima y el acusador pertenecían a la misma casa. Después el perjurio, del que la Ilíada las hace garantes al llamarlas las que bajo tierra castigan a los hombres que juran en falso (canto XIX). Y por último la ofensa a los padres y al suplicante o al huésped, que son las otras relaciones que la costumbre griega dejaba sin amparo legal.
Hay un límite que la tragedia subraya y que casi nunca se cuenta: fuera de la sangre común no tienen jurisdicción. En las Euménides ellas mismas explican que no persiguieron a Clitemnestra por matar a Agamenón, porque marido y mujer no comparten sangre; sí persiguen a Orestes por matarla a ella, que era su madre. Es una justicia arcaica y estrictamente familiar, no un tribunal moral.
Y no matan. Las Erinias hostigan: siguen al culpable como perros de rastro, sin dormir y sin cansarse, hasta que la mente cede. Esquilo las describe olfateando el olor de la sangre; Eurípides las hace visibles solo para su presa. Su castigo es la locura, el destierro y la imposibilidad de ser acogido en casa alguna, porque quien las lleva detrás contamina lo que toca. Oyen desde abajo, sin ritual ni sacerdote: basta con que un padre o una madre ofendidos pronuncien la maldición para que se pongan en marcha.
Orestes y el nacimiento del tribunal
La Orestíada de Esquilo, representada en 458 a. C., es donde las Erinias dejan de ser una amenaza de fondo y se vuelven personajes con voz. Orestes ha matado a su madre Clitemnestra para vengar a su padre Agamenón, obedeciendo una orden expresa de Apolo, y ellas lo persiguen igual: el mandato de un dios no cancela la sangre. En la tercera pieza, la que les da nombre, Apolo las expulsa del santuario de Delfos con desprecio y ellas lo acusan de encubrir a un asesino, mientras el fantasma de Clitemnestra las despierta reprochándoles que duerman.
La solución no llega por decreto divino. Atenea se niega a juzgar el caso ella sola y funda un tribunal de ciudadanos atenienses en la colina de Ares, el Areópago. Los votos empatan, Atenea añade el suyo a favor del acusado y Orestes queda absuelto. Las Erinias amenazan entonces con esterilizar el Ática, y lo que las detiene no es la fuerza sino la persuasión: Atenea les ofrece un santuario propio bajo la Acrópolis, honores perpetuos y el primer lugar en las ofrendas.
La obra acaba en una procesión de antorchas en la que se las viste con mantos de púrpura y se las llama, ya, las Benévolas. Es el mito con el que Atenas se explicó a sí misma el paso de la venganza de sangre, que no termina nunca porque cada muerte crea un vengador nuevo, al tribunal público, que la corta. Y el detalle que hace grande al final es que las viejas potencias no son derrotadas ni desterradas: se las convence, se les da culto y se las incorpora al orden nuevo.
Culto, nombres y lo que se les añadió después
El culto era real y estaba en varios sitios a la vez. En Atenas, las Semnai Theai, las Diosas Augustas, tenían un recinto en la falda del Areópago que servía además de asilo para perseguidos, con sus sacerdotisas y sus ofrendas sin vino. En Colono, el barrio donde nació Sófocles, había un bosque sagrado de las Euménides al que llega el Edipo ciego de Edipo en Colono para morir allí, y lo primero que hace el coro es advertirle de que no pronuncie su nombre. Pausanias (libro VIII) describe en Megalópolis un santuario doble en el que se las llamaba Maníai, las Locuras, y señala el punto exacto en que Orestes habría perdido la razón.
El eufemismo no es un adorno literario. Nombrarlas era peligroso, y por eso el nombre con el que han llegado a la lengua corriente, Euménides, significa justo lo contrario de lo que son. La misma prudencia explica los otros títulos: Augustas, Veneradas, Innombrables.
Conviene fechar lo que se les añadió después, porque hoy suele contarse como si fuera arcaico. Que sean exactamente tres y se llamen Alecto, Megera y Tisífone no está en Hesíodo, que no las cuenta: esos nombres se fijan en la Eneida de Virgilio y en la Biblioteca de Apolodoro, ya en época romana. Roma las llamó Furias o Dirae, y con ese nombre pasaron a la pintura, al teatro y a la ópera, donde acabaron representadas casi siempre como tres mujeres jóvenes con serpientes en el pelo y antorchas encendidas. La imagen es hermosa y es tardía; el terror griego original era más impreciso y por eso daba más miedo.
Reliquias
Simbología
Elemento
Tierra
Número
3
Color
Negro
Animales
Serpiente, Perro de rastro
Sigilos:
Rasgos
Poderes
Debilidades
Comportamiento
Resistencias
Relaciones con otros seres
En el Atlas
Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.
Mitologías
La mitología griega se desarrolló en la Antigua Grecia a partir de la Edad del Bronce tardía y alcanzó su forma más elaborada durante los periodos arcaico y clásico, entre los siglos VIII y IV a. C. Surgió entre los pueblos helénicos que habitaban la península griega, las islas del Egeo y las costas de Asia Menor, y se transmitió principalmente a través de la poesía oral de Homero y Hesíodo, así como de tradiciones locales recogidas en santuarios y festivales. Su cosmovisión presenta un universo ordenado por una jerarquía de divinidades que intervienen en los asuntos humanos y naturales, con el Olimpo como morada de los dioses principales y el Hades como destino de los difuntos. Las deidades centrales incluyen a los doce olímpicos, encabezados por Zeus, dios del cielo y soberano, junto a Hera, Poseidón, Atenea, Apolo, Ártemis, Afrodita, Ares, Hefesto, Hermes, Deméter y Dioniso. Antes de ellos, los titanes, entre los que destacan Cronos y Rea, gobernaron el cosmos hasta ser depuestos por los olímpicos en la Titanomaquia. Otras entidades importantes son las musas, las ninfas, los cíclopes y las moiras, que encarnan fuerzas cósmicas y destinos. Esta tradición ejerció una influencia duradera en la literatura, el arte y el pensamiento de Roma, el Renacimiento europeo y la cultura occidental posterior, suministrando motivos, personajes y estructuras narrativas que han perdurado en la filosofía, la astronomía y las artes hasta la actualidad.
Fuentes
Teogonía
Hesíodo · 700 a.C.
Poema épico de Hesíodo que detalla el origen de los dioses griegos y genealogías oceánidas.
Biblioteca
Apolodoro · 100
Compendio mitológico atribuido a Apolodoro que resume leyendas griegas.
Ilíada
Homero · 750 a.C.
Epopeya homérica que menciona a las Nereidas en el canto XVIII durante el lamento por Patroclo.
Euménides
Esquilo · 458 a. C.
Tercera tragedia de la Orestíada, estrenada en Atenas en 458 a. C. Las Erinias son en ella el coro y las protagonistas: persiguen a Orestes por el matricidio, se enfrentan a Apolo en Delfos y acaban aceptando culto en Atenas tras el juicio del Areópago. Es la fuente antigua más extensa sobre ellas.
Edipo en Colono
Sófocles · 401 a. C.
Tragedia póstuma de Sófocles, representada en 401 a. C. Su acción entera transcurre en el bosque sagrado de las Euménides en Colono, y aporta el testimonio más claro sobre su culto ático: el temor a pronunciar su nombre, el asilo que ofrecía su recinto y las ofrendas sin vino que se les hacían.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se las llama Benévolas si son terribles?
Por miedo a nombrarlas. Los griegos evitaban pronunciar el nombre de ciertas potencias porque decirlo equivalía a llamarlas, y las sustituían por un título halagador. Euménides significa las Benévolas, y Semnai Theai las Augustas: son fórmulas de cortesía hacia algo que no se quiere atraer. Esquilo convirtió ese eufemismo en el final de su trilogía, cuando Atenea las persuade y ellas aceptan de verdad el papel benéfico, pero el nombre ya existía antes y era pura prudencia.
¿Cuántas Erinias eran y cómo se llamaban?
En las fuentes antiguas no se cuentan. Hesíodo dice que Gea las parió y no da número ni nombres; Esquilo saca a un coro entero sin decir cuántas son. El número tres y los nombres Alecto, Megera y Tisífone aparecen mucho después, en la Eneida de Virgilio y en la Biblioteca de Apolodoro, ya en época romana, y desde ahí pasaron a toda la tradición posterior. Es decir: lo que casi todo el mundo da por el dato básico es en realidad lo más tardío de la ficha.
¿A quién persiguen y a quién no?
Solo a quien derrama sangre de su propia sangre, a quien jura en falso y a quien ofende a sus padres o a un suplicante. Fuera de ahí no tienen jurisdicción, y la tragedia lo dice sin rodeos: en las Euménides explican que no persiguieron a Clitemnestra por asesinar a su marido Agamenón, porque marido y mujer no son consanguíneos, y en cambio sí persiguen a Orestes por matar a esa misma Clitemnestra, que era su madre. No son un tribunal moral ni castigan la maldad en general: son el mecanismo arcaico que protege el único vínculo que ninguna ley humana podía proteger.
¿Qué tienen que ver las Erinias con el Areópago?
El Areópago era el tribunal ateniense que juzgaba los homicidios, y Esquilo lo hace nacer precisamente del caso de Orestes: Atenea funda la corte para que los ciudadanos decidan lo que ni ella ni Apolo quieren decidir solos. Al final de la obra las Erinias reciben un santuario al pie de esa misma colina, de modo que el tribunal y las vengadoras quedan pegados en el paisaje de la ciudad. No es una anécdota literaria, es una etiología: la tragedia explica por qué en Atenas los delitos de sangre se juzgan con votos y no con más sangre.
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