Shiva
El destructor de la Trimurti
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Asia del Sur(India, Nepal)Árbol genealógico
De Rudra a Shiva, y la columna de fuego
Shiva no nace. Los himnos más antiguos que lo anuncian no hablan de él sino de Rudra, el dios feroz del Rigveda: señor de las bestias, arquero de las montañas y de la tormenta, a quien se invoca con miedo y al que, en el mismo aliento, se llama «el mejor de los médicos». De Rudra a Shiva hay siglos y un cambio de tono: lo que en el Veda es una potencia temible que conviene aplacar, en los Puranas es el dios al que se le pide todo.
El Shiva Purana no cuenta su nacimiento, porque no lo tiene, sino una prueba. Brahma y Vishnu discutían cuál de los dos era superior cuando entre ambos se alzó una columna de fuego sin principio ni fin. Acordaron zanjar la disputa buscando sus extremos: Vishnu descendió como jabalí a buscar la base, Brahma voló como cisne hacia la cima, y ninguno de los dos llegó. La columna era Shiva, y esa forma sin rostro es el lingam; la escena se llama Lingodbhava.
La Trimurti que lo empareja con Brahma el creador y Vishnu el preservador es una sistematización posterior y, vista desde el shaivismo, insuficiente: para sus devotos Shiva no es un tercio del ciclo sino el ciclo entero. Su morada no está en ningún cielo compartido, sino en el Kailasa, la montaña del norte.
La ceniza, la garganta azul y el río en el pelo
La piel de Shiva es blanca de ceniza, no azul: se unta el cuerpo con la vibhuti del crematorio para recordar en qué acaba todo. Lo azul es la garganta, y tiene su historia. Cuando dioses y asuras batieron el océano de leche para extraer el néctar de la inmortalidad, lo primero que salió no fue el néctar sino el halahala, un veneno capaz de disolver los tres mundos. Shiva se lo bebió y lo retuvo en el cuello sin tragarlo; de ahí Nilakantha, «el de la garganta azul».
En su cabellera enmarañada de asceta lleva la luna creciente y el Ganges, que bajaba del cielo con fuerza suficiente para partir la tierra hasta que él lo recibió en el pelo y lo soltó manso. Al cuello, la cobra. En la frente, el tercer ojo, que no es un adorno: con él redujo a cenizas a Kama, el dios del deseo, por interrumpirle la meditación.
Porta el tridente trishula y el damaru, un tamborcillo con forma de reloj de arena cuyo golpe marca el pulso de la creación, y sostiene un ciervo, que es la mente inquieta cogida por las astas. Se sienta sobre piel de tigre y cabalga el toro Nandi. En su forma Nataraja danza dentro de un aro de llamas, pisando al enano Apasmara, que es la ignorancia.
El shaivismo, y la Diosa que es una sola
El shaivismo busca la liberación por la meditación, el yoga y la devoción bhakti, y su noche mayor es Maha Shivaratri, que se pasa en vigilia. Sus doce jyotirlingas son los santuarios donde aquella columna de fuego se considera manifestada, y a ellos se peregrina. Las ofrendas son sobrias y siempre las mismas: hojas de bilva, leche vertida sobre el linga, ceniza sagrada, y el mantra Om Namah Shivaya. En el tantra, Shiva es el principio inmóvil y Shakti la energía que lo mueve; sin ella, dicen los textos, él es un cadáver.
Conviene deshacer aquí una confusión frecuente. Shiva no tuvo cuatro esposas: tuvo una, la Diosa, que aparece con nombres distintos porque el mito la hace morir y volver. Sati se arroja al fuego del sacrificio de su padre Daksha, que había humillado a su marido; renace como Parvati y vuelve a casarse con él. Durga y Kali son formas que ella toma para combatir lo que los dioses no pueden. De ese matrimonio nacen Ganesha y Kartikeya.
Sus devotos más visibles son los sadhus, que se cubren de ceniza, renuncian a casta y bienes y viven en los crematorios, no por desprecio de la vida sino porque su dios vive allí.
También conocido como
Reliquias
Simbología
Elemento
Fuego
Número
3
Color
Azul
Animales
Toro Nandi, Serpiente Vasuki
Sigilos:
Rasgos
Poderes
Debilidades
Comportamiento
Resistencias
Relaciones con otros seres
En el Atlas
Viaja por el mundo de origen de los seres y el cosmos de sus dimensiones.
Mitologías
La mitología hindú se originó en el subcontinente indio a partir de la fusión de las tradiciones de los pueblos indoarios, que llegaron hacia el segundo milenio a. C., con las culturas preexistentes del valle del Indo y otras poblaciones locales. Sus textos fundacionales, como los Vedas, compuestos entre aproximadamente 1500 y 500 a. C., recogen himnos, rituales y narraciones que reflejan una cosmovisión en la que el universo se rige por el orden cósmico (ṛta) y por ciclos de creación, preservación y destrucción. Las principales deidades védicas incluyen a Indra, Agni y Varuṇa, mientras que en periodos posteriores, especialmente a partir de los textos épicos Mahābhārata y Rāmāyaṇa y de los Purāṇas, adquieren mayor relevancia las tríadas de Viṣṇu, Śiva y Devī en sus diversas manifestaciones. Esta tradición concibe la realidad como un entramado de existencias regidas por el karma y el renacimiento (saṃsāra), con el objetivo último de la liberación (mokṣa). Las epopeyas y los relatos puránicos transmiten enseñanzas morales, filosóficas y rituales que han configurado la vida religiosa y social de gran parte del subcontinente indio a lo largo de los siglos. Su influencia se extiende a las artes, la literatura y las prácticas devocionales de numerosas comunidades hindúes, así como a otras tradiciones religiosas del sur y sureste de Asia.
Fuentes
Rigveda
Rishis anónimos · 1500 a.C.
La más antigua de las cuatro colecciones védicas (hacia 1500-1200 a.C.): más de mil himnos a los devas que forman el estrato más temprano de la mitología india.
Shiva Purana
Vyasa · circa 800 CE
Uno de los Puranas mayores del hinduismo, dedicado a Shiva. Recoge su mitología, himnos y leyendas —el matrimonio con Sati y Parvati, el nacimiento de Ganesha y Kartikeya—, y describe múltiples deidades y seres del panteón hindú.
Linga Purana
Vyasa (atribuido tradicionalmente) · c. 500-1000 d.C.
El Linga Purana es un Purana shaivita clasificado como uno de los dieciocho Upapuranas o Mahapuranas, con unos 11.000 versos en dos partes (Purva-bhaga y Uttara-bhaga), centrado en la adoración del lingam de Shiva, cosmogonía, yoga y mitos sobre la creación, preservación y destrucción.
Mahabharata
Vyasa · 400 a.C.
Gran epopeya sánscrita de la India (compilada entre los siglos IV a.C. y IV d.C.), con más de 100.000 versos. Entreteje la guerra de los Kurus con teología, filosofía y mitos fundacionales del hinduismo, e incluye la Bhagavad Gita.
Preguntas frecuentes
¿Shiva tuvo cuatro esposas?
No. Tuvo una sola, la Diosa, que el mito hace morir y volver bajo nombres distintos. Sati es su primera vida y muere en el sacrificio de su padre Daksha; Parvati es la segunda y vuelve a casarse con él. Durga y Kali no son otras mujeres: son formas que la misma Diosa toma para combatir. Los nombres se multiplican porque la tradición hindú nombra por función, no por persona, y quien no lo sabe cuenta cuatro matrimonios donde hay uno.
¿Es lo mismo Rudra que Shiva?
Son el mismo dios en dos momentos de la lengua. En el Rigveda, Rudra es una potencia peligrosa a la que se pide sobre todo que no haga daño, y «shiva», que significa «benigno, propicio», es un adjetivo que se le aplica para aplacarlo. Con los siglos el epíteto desplazó al nombre: el dios acabó llamándose por la cualidad que se le suplicaba. Es un caso raro y bien documentado de una fórmula de cortesía convertida en nombre propio.
¿El lingam es un símbolo sexual?
La palabra sánscrita significa «signo» o «marca», y en los textos que fundan su culto el lingam es la columna de fuego sin principio ni fin del Lingodbhava, es decir, una forma deliberadamente sin rostro para un dios que no se deja representar. La lectura anatómica existe en algunas escuelas tántricas, pero se generalizó en Occidente a partir de la etnografía colonial del siglo XIX, que la usó para describir el hinduismo como culto fálico. Para la inmensa mayoría de quienes vierten leche sobre uno, es una piedra que significa lo ilimitado.
¿Por qué se le llama «el destructor» si se le reza para pedir vida?
Porque la etiqueta viene del reparto de funciones de la Trimurti, que es un esquema tardío y escolar, no la vivencia de sus devotos. Lo que Shiva destruye no son personas ni cosas: es el universo entero al final de cada ciclo, y lo hace para que pueda haber otro. En el shaivismo él crea, sostiene y disuelve por sí solo, y la continuidad con el Rudra védico, «el mejor de los médicos», explica que a la misma figura se le pidan curaciones, hijos y cosecha. Destruir, aquí, es la condición de que algo vuelva a empezar.
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